QUE LOS DEMÁS HAGAN LOS DEBERES es una vocación tan antigua como la política municipal, y el PSOE de Badajoz la ejerce con aplicación de alumno aventajado: ha sacado la calculadora, ha contado promesa por promesa el programa electoral de Ignacio Gragera y ha llegado a una cifra redonda, un 71% de incumplimiento, 121 de 170 compromisos todavía a medio hacer a diez meses de que vuelva a haber urnas. Lo llaman fiscalización. También podría llamarse, con la misma propiedad, ejercicio de memoria selectiva.
Porque la cuenta, hecha así, sola, deja fuera el dato que de verdad incomoda: mientras el PSOE afina el porcentaje del vecino, el vecino en cuestión gana concejales elección tras elección, y quien afina el porcentaje los pierde. Si el catálogo de incumplimientos fuera tan flagrante como se denuncia, cabría esperar que Badajoz lo castigara en las urnas con la misma contundencia con la que se denuncia en la rueda de prensa. Ocurre justo lo contrario: la confianza en el PP se consolida, la del PSOE se erosiona, y ese detalle, que no cabe en ningún comunicado, es el que de verdad debería preocupar a quien reparte suspensos.
Hay, además, una cuestión de escalera propia. Fiscalizar la gestión ajena con el rigor de un interventor exige, como mínimo, no tener la propia casa —o en este caso la propia Diputación— llena de sospechas, frentes judiciales y contrataciones que huelen mal. La Diputación de Badajoz, que gobierna el PSOE sin que nadie se lo discuta, lleva un tiempo dando más titulares por sus propias controversias que por su gestión, y exigir en el ayuntamiento vecino un cumplimiento del 100% desde una institución con ese expediente es, como mínimo, una falta de sentido del ridículo.
Que el PP, según denuncia el PSOE, gestione «con triunfalismo» vacío puede ser cierto o exagerado; lo que no admite discusión es que el triunfalismo, vacío o no, sigue ganando elecciones, y la queja, por fundada que esté en porcentajes, lleva ya varias convocatorias perdiéndolas. Convencer a Badajoz de que el gobierno municipal se sostiene a base de incumplimientos requiere algo más que una calculadora: requiere una credibilidad que, entre la pérdida sistemática de votos y las sombras de la casa propia, al PSOE local le queda ya bastante escasa. Lo demás es pedir cuentas con la chequera en números rojos.
Redacción. A 31 de julio de 2026.