Soto Ivars resiste en Badajoz a las mentiras y coacciones progres
El ataque a Soto Ivars en la Feria del Libro retrata perfectamente el modelo de ciertas asociaciones subvencionadas: viven de controlar el discurso público y reaccionan con furia cuando aparece gente libre llenando actos sin pedir permiso ideológico.
Como en el meme: “se quedan sin comer”.
Y mientras montan campañas histéricas por una conferencia, guardan silencio absoluto sobre algo mucho más grave: los socios bilduetarras del PSOE tienen detrás a una organización terrorista que asesinó a decenas de extremeños.
Más de 50 víctimas vinculadas a Extremadura fueron asesinadas por ETA. En cambio, desde 2003 la cifra oficial de mujeres asesinadas por violencia de género en Extremadura es de 17. Pero la diferencia no está solo en los números, sino en el tratamiento político y mediático: para unas víctimas existe movilización institucional permanente, pancartas, subvenciones, campañas y estructuras públicas enteras; para las otras, silencio, perfil bajo y absoluta incomodidad política.
El contraste es obsceno: máxima agresividad contra un escritor incómodo que denuncia hechos no mentiras, y mutismo total ante los crímenes de quienes hoy son socios parlamentarios del Gobierno.
Y mientras tanto, Cotrina, nuevo dirigente socialista en Badajoz, permanece cuidadosamente de perfil para no incomodar a su jefe Sánchez, el mismo entorno político donde en Extremadura se colocó al hermano del presidente en una plaza hecha a medida mientras tributaba fuera, algo que no puede permitirse ninguno de los miles de funcionarios que sí pagan religiosamente sus impuestos en ayuntamientos, diputaciones, Junta y demás organismos públicos.
La conexión pacense: la réplica del modelo de hostigamiento
Los sucesos acontecidos en Badajoz demuestran que este fenómeno no responde a un hecho aislado o a una sensibilidad particular de la región, sino a una estrategia coordinada y extendida. La ciudad presenció la réplica exacta del modelo de agitación visto apenas una semana antes en Santander, evidenciando la existencia de un manual de actuación sistemático para impedir el libre flujo de ideas.
En el caso concreto de Badajoz, la firmeza de los organizadores locales y la respuesta unánime de los ciudadanos permitieron que la jornada de conferencias y la posterior firma de ejemplares se desarrollaran con éxito, desarmando la campaña de acoso promovida desde sectores vinculados a la concejalía de igualdad de la administración local.
Este escenario pone de manifiesto el valor de los agentes culturales, librerías y entidades privadas de la ciudad que deciden aguantar el hostigamiento y las insidias políticas para preservar la libertad de cátedra. Sin embargo, el hecho de que este clima de tensión se haya convertido en un elemento habitual de la agenda cultural pacense abre un debate urgente sobre los límites de la intervención institucional.
Subvenciones y la defensa del patrimonio ideológico local
Detrás de la aparente espontaneidad de estas protestas de calle e intromisiones de los cargos públicos subyace una realidad estrictamente económica que afecta a los presupuestos locales.
Las estructuras asociativas que promueven la cancelación de actos culturales en Badajoz dependen de manera casi exclusiva de las subvenciones y del dinero público gestionado a través de las partidas de políticas de igualdad.
La reacción visceral ante cualquier discurso disidente o alternativo no responde a una defensa genuina de derechos civiles, sino a la protección de un modo de vida y de unos recursos financieros específicos otorgados por las instituciones.
La pérdida de control sobre la agenda cultural de la ciudad representa una amenaza directa para la justificación técnica de estos presupuestos anuales.
Cuando los ciudadanos de Badajoz abarrotan los recintos para escuchar planteamientos que desafían el dogma vigente, se evidencia la profunda desconexión entre las prioridades de estos colectivos subvencionados y los intereses reales de la sociedad civil, lo que pone en serio riesgo el mantenimiento de estas redes clientelares de las que dependen para su subsistencia diaria.
La realidad de la violencia machista en cifras oficiales
Mientras el debate político se centra en la fiscalización de actos culturales y la confrontación ideológica en la calle, el análisis riguroso de la problemática social exige acudir a los registros estadísticos gubernamentales. La utilización de consignas de máxima gravedad penal en pequeñas protestas locales contrasta con la radiografía real y trágica de la región, medida desde que existen registros oficiales unificados:
- Víctimas mortales históricas: Desde el 1 de enero de 2003, año en que la Delegación del Gobierno de España comenzó a contabilizar oficialmente los crímenes por violencia de género, la comunidad autónoma de Extremadura ha registrado un total acumulado de 17 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas masculinas.
- Distribución temporal y territorial: Los datos reflejan una media que se sitúa por debajo de un caso anual en las últimas dos décadas, con periodos de varios años consecutivos sin incidencias mortales, seguidos de repuntes específicos como el acontecido en el último ejercicio, donde la región sumó 3 casos confirmados, incluyendo episodios fatales en las provincias de Cáceres y Badajoz.
- La brecha de la intervención previa: La estadística oficial revela que en el 100% de los asesinatos ocurridos recientemente en suelo extremeño no constaban denuncias previas por maltrato ni orden de protección alguna a través del sistema estatal, lo que pone en entredicho la efectividad de las campañas de presión urbana frente a la necesidad de implementar mecanismos técnicos de prevención en el ámbito judicial y policial.
El contraste del silencio: las víctimas olvidadas del terrorismo de los socios del PSOE
Esta hiperactividad fiscalizadora y la indignación coreografiada por las áreas de igualdad de la administración local chocan frontalmente con el silencio absoluto que impera ante otras realidades trágicas que han golpeado directamente a la población extremeña.
La memoria histórica y el rigor institucional muestran una asimetría flagrante cuando se analiza la respuesta de los sectores políticos mayoritarios de la región ante determinados episodios de violencia violenta.
- El impacto del terrorismo en Extremadura: A lo largo de las últimas décadas, el azote de la banda terrorista ETA y otras organizaciones dejó una huella indeleble en la región, sumando más de 50 víctimas mortales nacidas o vinculadas directamente con Extremadura. Ciudadanos de municipios pacenses y cacereños perdieron la vida en atentados que marcaron la historia criminal de España.
- La ausencia de movilizaciones institucionales: Frente a la celeridad con la que se organizan protestas y presiones ante una simple conferencia literaria o un debate civil, el tejido político e institucional local guarda un prolongado silencio sobre esta realidad. No existen corrientes de agitación en las calles ni pancartas permanentes en los despachos institucionales destinadas a recordar o exigir justicia por los asesinados extremeños a manos del terrorismo.
- El silencio de las siglas mayoritarias: Esta parálisis en la denuncia resulta especialmente evidente en las filas del socialismo local y regional, que hoy lidera figuras de la primera línea política. Desde estas estructuras no se promueven declaraciones institucionales contundentes ni se respalda la movilización en las calles de Badajoz para condenar el blanqueamiento del terrorismo o la desmemoria histórica. El contraste pone de manifiesto una preocupante doble vara de medir: se despliega un arsenal administrativo y de agitación para tratar de silenciar la disidencia cultural, mientras se mantiene un mutismo absoluto sobre los crímenes de sangre que segaron la vida de decenas de compatriotas de la región.
La preocupante naturalización de una anomalía en la sociedad pacense
El análisis de esta deriva en la capital pacense revela un fenómeno psicológico y social alarmante: la progresiva naturalización de la intolerancia por parte de los creadores y pensadores. Quienes participan de forma activa en el circuito cultural y de opinión en la provincia admiten haber integrado estas dinámicas de acoso como simples inconvenientes del ejercicio de su profesión.
Aceptar que para celebrar una conferencia, debatir sobre la actualidad o presentar un libro en Badajoz es necesario asumir el escrache, el insulto a los vecinos que acuden al recinto y la amenaza latente de censura administrativa constituye una grave renuncia colectiva.
Lo que hoy se empieza a asumir como una rutina incómoda representa una profunda anomalía democrática que restringe el pluralismo, empobrece el debate local y fomenta la autocensura en el tejido cultural de la ciudad. La resistencia pacífica pero firme de la sociedad civil ante estas presiones institucionales se consolida como la única garantía para mantener la independencia del pensamiento en el ámbito público.