El punto de encuentro de jugadores Magic, Pokémon y Warhammer en Badajoz

En el barrio de María Auxiliadora, en Badajoz, hay una tienda que por fuera no deja adivinar lo que guarda dentro. Tras las estanterías de sobres, barajas y miniaturas, una escalera sube hasta una sala gratuita con capacidad para 38 personas donde, la mayor parte de la semana, aficionados de todas las edades juegan a Magic, Pokémon o Blood Bowl. El local se llama Júpiter, y para buena parte de la comunidad jugona de la ciudad es, sencillamente, el sitio.

Abierto desde 2015, su responsable, Miguel Ángel García, explica que la sala funciona de forma libre casi toda la semana: se puede reservar mesa cuando se espera más afluencia —sobre todo los viernes por la tarde y los sábados—, pero normalmente basta con llegar y comprobar si queda sitio. El uso es gratuito y no hace falta comprar nada: los usuarios pueden llevar sus propios juegos, tirar de la ludoteca del local o apuntarse a alguna de las actividades programadas. «Hay gente que viene y se echa la mañana, la tarde o incluso el día entero», cuenta García.

La media de edad de los habituales ronda los 30 años, aunque también acuden adolescentes, familias y grupos de asociaciones. No hace falta conocer las reglas de antemano: los jugadores habituales ayudan a quienes se acercan por primera vez y explican las partidas cuando hace falta. En la sala se mezclan partidas de Warhammer, torneos con mazos propios y quien simplemente busca un sitio donde quedar con sus amigos.

José Antonio, conocido en la tienda como «Chato», lleva casi una década acudiendo a Júpiter. Entró en 2016 para probar un juego de Star Wars y desde entonces vuelve cada semana. «Lo bonito de los juegos de mesa es relacionarte con la gente. Aquí haces amistades y conoces a gente nueva. Eso no te lo da jugar desde casa», afirma. Para él, la comunidad es el principal valor del establecimiento: «Hay gente que llega sola y enseguida encuentra con quién jugar. Se le explica cuando hace falta y acaba formando parte del grupo».

Júpiter mantiene propuestas casi diarias, desde reuniones abiertas hasta ligas o torneos oficiales, y atrae también a jugadores de Mérida, Montijo, Olivenza e incluso Portugal. En verano, el local se convierte además en refugio frente al calor. «Júpiter es un oasis», bromea José Antonio. Miguel Ángel, por su parte, evita presentar el negocio como algo grandilocuente: su objetivo es mantener un lugar donde cualquiera pueda entrar, jugar, reunirse y volver. «Cuantos más seamos, mejor», resume José Antonio.

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