El enigma resuelto de la Biblioteca de Barcarrota
El misterio que rodeaba a uno de los hallazgos bibliográficos más fascinantes del siglo XX en España ha sido finalmente esclarecido. Tras décadas de especulaciones, una exhaustiva investigación académica ha logrado poner nombre y apellidos al propietario de la denominada «biblioteca emparedada» de Barcarrota (Badajoz). Se trata de Fernão Brandão, un hidalgo portugués cuya vida estuvo marcada por la heterodoxia, la persecución religiosa y un trágico final a manos de la Inquisición.
Un hallazgo fortuito entre tabiques y ceniza
La historia de este descubrimiento se remonta a 1992, cuando unas obras de reforma en el doblado de una vivienda particular en la localidad extremeña de Barcarrota revelaron un secreto guardado durante más de cuatro siglos. Al golpear uno de los tabiques, la piqueta de los obreros abrió un hueco disimulado que albergaba un pequeño fardo de libros.
Para preservar los ejemplares de la humedad y el paso del tiempo, el propietario original los había protegido meticulosamente con paja y ceniza. El conjunto estaba formado por diez libros impresos y un manuscrito, todos ellos datados en el siglo XVI y escritos en una amalgama de lenguas que incluía el castellano, portugués, francés, italiano, latín, griego y hebreo.
Entre los volúmenes recuperados destacaba una joya bibliográfica sin precedentes: una edición desconocida hasta entonces del Lazarillo de Tormes, impresa en Medina del Campo en 1554. Junto a esta obra cumbre de la picaresca, se hallaron textos de naturaleza diversa y altamente peligrosos para la época:
- Un ejemplar de Alborayque, una feroz sátira contra los judeoconversos.
- Dos tratados sobre quiromancia.
- Un manual de exorcismos.
- Una obra polémica de Erasmo de Róterdam.
- Un pequeño libro de oraciones en latín, griego y hebreo.
- Una rarísima Oración de la emparedada en portugués.
- Un diálogo erótico de carácter homosexual titulado La Cazzaria.
El amuleto: la pieza clave de la investigación
Si bien los libros otorgaron fama mundial al hallazgo, fue un objeto no librario el que permitió desentrañar la identidad de su poseedor. Junto a los textos se conservó una delicada nómina-amuleto circular, de unos 11 centímetros de diámetro, manuscrita y recortada sobre papel. Este tipo de objetos solían llevarse colgados al cuello o protegidos en bolsas, atribuyéndoles propiedades mágicas o de protección espiritual.
La reciente investigación, liderada por el doctor en Filología Hispánica Pedro Martín Baños, se centró en la extensa dedicatoria y el contenido de este amuleto. En él se menciona explícitamente el nombre de Fernão Brandão, identificado como «signor de São Manços, ingeniorum cacumen» (Cumbre de los Ingenios). En el reverso del objeto figura un texto en italiano, fechado en Roma en 1551, donde un amigo anónimo le profesa una lealtad inquebrantable a pesar de la distancia.
A través del rastreo de las inscripciones del amuleto, la investigación localizó denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora entre los años 1547 y 1549. Estos documentos ofrecen coordenadas biográficas precisas del hidalgo, quien fue acusado formalmente de impiedad, irreligiosidad y sodomía.
El contexto de una huida desesperada
La cronología de los hechos sugiere que la biblioteca fue emparedada en un momento de pánico absoluto. Se estima que el ocultamiento ocurrió hacia 1559 o 1560, coincidiendo con la publicación del Índice de Libros Prohibidos del Inquisidor Fernando de Valdés. En dicha lista negra figuraban al menos cuatro de los títulos que Brandão guardaba tras el muro.
El hecho de que la biblioteca apareciera emparedada significa que su dueño sintió un peligro inminente. El estudio de la documentación inquisitorial inédita sobre Fernão Brandão y su genealogía ha permitido establecer que el hidalgo perteneció a una familia de la baja nobleza portuguesa y que habitó la casa de Barcarrota donde aparecieron los libros, situada en un barrio de hidalgos denominado Altozano de Nuestra Señora. Existen indicios sólidos de que, en su huida o estancia en la zona, Brandão buscó refugio en esta vecindad antes de que el brazo de la Inquisición terminara por alcanzarlo.
Un legado de heterodoxia rescatado del olvido
La monografía que recoge estos hallazgos, publicada por la Universidad de Extremadura y la Universidad Autónoma de Barcelona, no solo identifica al dueño, sino que contextualiza la importancia de poseer semejante colección en la España del siglo XVI. La biblioteca de Barcarrota es un testimonio físico de la resistencia intelectual y la diversidad cultural de una época marcada por la censura férrea.
El perfil de Fernão Brandão emerge como el de un hombre culto, políglota y de intereses fronterizos entre lo sagrado y lo profano, lo permitido y lo prohibido. Su biblioteca no era solo una colección de libros, sino un mapa de sus convicciones y, en última instancia, la evidencia que lo condenó. Hoy, tras siglos de silencio, su nombre vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en la historia de la literatura y la cultura peninsular.