Extremadura tira el 30% de sus renovables mientras los centros de datos esperan enchufe

La región llegó a desechar en julio casi un tercio de su producción limpia porque la red no da abasto, mientras cuatro grandes proyectos de centros de datos, con más de 7.300 millones de inversión, esperan a que alguien les garantice potencia estable

HAY TIERRAS QUE SE ARRUINAN POR FALTA DE ENERGÍA, Y HAY OTRAS QUE LA TIRAN. Extremadura pertenece a la segunda categoría, que es más rara y, bien mirada, bastante más difícil de explicar. Durante el pasado mes de julio, los llamados vertidos o curtailments —las órdenes de recortar o desconectar plantas porque el sistema eléctrico no puede absorber lo que producen— llegaron a rondar el 30 % de la generación renovable de la región. Tres de cada diez megavatios limpios, en los momentos de máxima producción, se quedaron sin ninguna salida.

El dato procede del último análisis de la Fundación Renovables sobre las redes de distribución, publicado esta semana, que sitúa a Extremadura, junto a Aragón y Castilla-La Mancha, a la cabeza de los territorios donde el fenómeno golpea con más fuerza. La media española de vertidos en julio se quedó en torno al 10 %; en esas tres comunidades rozó el triple.

Conviene precisar que no es una pérdida permanente: no se tira el 30 % de la energía todos los días del año. Son episodios concretos en los que coinciden una generación muy alta, una demanda insuficiente y una red incapaz de llevar el excedente a otra parte. En ese momento, el operador del sistema ordena a determinadas plantas que bajen la producción. La electricidad que podría haberse producido simplemente no se produce. El sol sale igual, pero la factura no lo nota.

Seis veces más electricidad de la que se consume

La paradoja tiene números. Extremadura generó 31.328 GWh durante 2025 y consumió 4.983 GWh: produjo unas 6,3 veces lo que gasta. La diferencia, más de 26.300 GWh, equivale a cerca del 84 % de todo lo producido y tiene que salir de la región por la red o, cuando la red no puede, quedarse sin producir. La comunidad cerró el año con 13.864 megavatios instalados, de los que 8.512 MW son fotovoltaicos, y cada planta solar nueva que se conecta agrava el embotellamiento de las horas centrales del día.

El mapa de los recortes tiene nombres propios. Los datos de Red Eléctrica de 2025 situaban varios nudos extremeños entre los más castigados de España. Un análisis de la consultora Optimize Energy cifró en torno al 36 % los recortes acumulados en el nudo de Mérida durante ese año: unos 115 GWh que no pudieron integrarse sobre una producción potencial cercana a los 319 GWh, con meses, como agosto, por encima del 40 %. San Serván y Vaguadas, en la provincia de Badajoz, aparecen una y otra vez en la lista, y Mérida y San Serván han vuelto a figurar en 2026 entre los puntos con más energía renovable desperdiciada. No es, por tanto, un mal verano. Es un problema estructural.

Los enchufes que nadie quiere conectar

Y aquí entra la parte que obliga a frotarse los ojos. Mientras la región desecha energía, tiene sobre la mesa cuatro grandes proyectos de centros de datos —en Badajoz, Navalmoral de la Mata, Cáceres y Mérida— que suman más de 7.300 millones de euros de inversión prevista y cerca de un millar de empleos directos, a los que se añade el de Valdecaballeros, en los planes a más largo plazo de Merlin Properties. Un centro de datos es, en esencia, un enorme consumidor eléctrico que necesita potencia firme las veinticuatro horas. Es exactamente el cliente que le falta a una región que produce seis veces lo que consume.

Sin embargo, el mismo informe concluye que alrededor del 94 % de los puntos de conexión de las redes de distribución españolas no tienen capacidad suficiente para atender nueva demanda. Y añade un detalle que desmonta cualquier excusa: el uso medio de la capacidad ya contratada ronda apenas el 16 %. Es decir, la red está «llena» sobre el papel y medio vacía en la realidad. La propia Fundación Renovables concluye que el atasco no se explica solo por falta de cables y torres, sino por cómo se planifica y se gestiona lo que ya existe.

Dicho de otro modo: sobra energía, sobran inversores y sobra capacidad infrautilizada. Lo que falta es alguien que decida.

La planificación que siempre llega tarde

Se entiende mal —o se entiende demasiado bien— que un país que ha hecho de la transición energética su bandera más vistosa permita esta escena. La planificación de la red de transporte depende del Ministerio para la Transición Ecológica, y es Madrid el que ha decidido, además, reservarse la llave de qué centros de datos pueden enchufarse y cuáles no, a través de un real decreto que deja a las comunidades autónomas sin apenas margen, como ya denunció la Junta de Extremadura este verano. El resultado es una administración que regula con entusiasmo lo que todavía no ha permitido que exista.

Lo de las renovables extremeñas empieza a parecerse a aquella vieja costumbre de los cortijos de tirar la leche cuando el precio no compensaba llevarla al pueblo: el campo produce, la cuadra rebosa, y el camino está cortado. Solo que aquí el camino lo tiene que abrir el Estado, que lleva años prometiendo que Extremadura sería «la batería de España» y que, a la hora de la verdad, la ha convertido en una batería sin cable. Se instalan placas a un ritmo de récord, se celebran en rueda de prensa los megavatios conectados y nadie da explicaciones por los megavatios que se tiran.

Lo verdaderamente increíble no es que haya vertidos —cualquier sistema eléctrico los tiene en algún momento—, sino que convivan en la misma región, en el mismo nudo de Mérida, la energía que se pierde y la industria que no llega por falta de potencia. Cada gigavatio hora recortado en San Serván es un gigavatio hora que un centro de datos habría pagado, que habría generado empleo y que habría dejado impuestos en Extremadura en lugar de evaporarse. Que eso ocurra a la vista de todos, con los datos publicados por el propio operador del sistema y sin que ningún responsable ministerial se dé por aludido, dice bastante más de la gestión que de la tecnología.

Extremadura ya ha hecho la parte difícil: ha puesto el suelo, ha aguantado los parques solares hasta el horizonte y produce más electricidad limpia de la que nunca podrá gastar. Lo que no puede hacer sola es conectar esa energía con quien quiere comprarla. Mientras Madrid siga planificando la red con el retrovisor y repartiendo los enchufes con cuentagotas, la región seguirá produciendo luz para nadie. Y no hay transición ecológica que resista una contradicción tan elemental.

Noticias relacionadas

Redacción. A 5 de octubre de 2026.

error: Content is protected !!
Scroll al inicio