Ser profesor en Extremadura no tiene futuro

SE APAGAN LAS AULAS ANTES QUE LAS VOCACIONES, y ahí está el problema. Cada septiembre se matriculan en Extremadura miles de aspirantes a Magisterio, a un máster de profesorado, a una oposición que tardarán años en aprobar, convencidos de que enseñar es un oficio con recorrido. Los números dicen otra cosa, y los números, a diferencia de las vocaciones, no se dejan convencer por nadie.

Lo cifra un informe de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), elaborado a partir de las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística: la población extremeña de entre 6 y 24 años caerá un 23,1% en los próximos quince años. Casi uno de cada cuatro alumnos que hoy tienen pupitre asignado, en 2041 sencillamente no habrán nacido o se habrán marchado. España en su conjunto perderá un 13,7% de esa franja de edad —1,3 millones de jóvenes—; a Extremadura le va a tocar sufrir casi el doble que la media nacional, con permiso de la despoblación, que aquí nunca pide permiso para nada.

El tramo que más se vacía es el de 16 y 17 años, el de Bachillerato y las enseñanzas postobligatorias: un 30,6% menos en Extremadura, frente al 23,7% de España, casi siete puntos de diferencia. Las enseñanzas obligatorias, de 6 a 15 años, bajarán un 24,7% aquí por el 15,4% nacional. Y la población de 18 a 24 años, la que en teoría debería llenar las aulas de la Universidad de Extremadura, se reducirá un 18,9%. Súmese todo —de cero a 24 años— y el descenso extremeño llega al 20,3%, más del doble que el 9,1% que se prevé para el conjunto del país.

Pedro Navareño, presidente de la Asociación de Equipos Directivos Docentes de Extremadura (AEDDEX), que además dirige un Colegio Rural Agrupado, lo resume sin necesidad de estadística añadida: «El descenso de la natalidad está ahí y los índices de matriculación van bajando anualmente». Y remata con la frase que debería colgarse en la sala de profesores de cualquier centro que aún se crea a salvo: «Bajando estos ratios se siguen cerrando aulas». En el medio rural, donde AEDDEX agrupa a unos 165 miembros y más de 150 centros públicos, la cosa se nota todavía más: «En los centros rurales, el descenso de la población se nota más», sostiene Navareño, con comarcas como La Vera, el Valle del Ambroz o Las Hurdes acusando un retroceso mayor que el de las zonas urbanas, que al menos aguantan mejor el golpe.

Aquí es donde conviene dejar de mirar solo el gráfico de natalidad y mirar también el móvil que tiene cualquier adolescente extremeño en el bolsillo. Porque mientras las aulas físicas se vacían por falta de niños, la formación online no deja de llenarse de gente que no quiere memorizar teorías que no llevan a ningún sitio, sino aprender a hacer cosas concretas: programar, soldar, editar vídeo, llevar la contabilidad de un negocio, hablar un idioma de verdad. Un curso a distancia no necesita ratio mínima de alumnos para sobrevivir, ni depende de que nazcan suficientes niños en una comarca concreta, ni tiene que esperar a que la Junta decida si merece la pena mantener abierta un aula con diez escolares. Compite con el colegio del pueblo en condiciones que el colegio del pueblo no puede igualar, y encima lo hace ofreciendo justo lo que cada vez más gente busca y la escuela tradicional cada vez entrega menos: utilidad inmediata, no cultura general para lucirla en un examen.

El informe, cuyo autor es Lorenzo Serrano, señala que el reto para las administraciones será resolver «el sudoku» al que se van a enfrentar en los próximos años: redistribuir aulas, profesores, infraestructuras y presupuestos a una población escolar menguante, con dificultades añadidas para reasignar recursos entre comarcas de una misma región. El gasto por estudiante no se va a ahorrar al mismo ritmo que baja el alumnado —11.347 euros anuales en la Universidad, 5.806 en Secundaria y FP, 4.720 en Infantil y Primaria—, porque buena parte de ese presupuesto son costes fijos: edificios, rutas de transporte, comedores que seguirán exigiendo recursos aunque las aulas tengan menos niños dentro. Ahí sí hay un margen que el propio informe reconoce: el 35% del profesorado de Secundaria supera ya los 50 años, y las próximas jubilaciones permitirán orientar las incorporaciones hacia las especialidades y las zonas con mayor necesidad, si es que a alguien le da tiempo a planificarlo con la cabeza fría en vez de con el calendario electoral.

Porque el otro problema, el que no sale en ninguna proyección demográfica, es que la política educativa extremeña cambia de criterio cada vez que cambia el partido que la firma. AEDDEX lo pide sin rodeos: un pacto educativo estable, «independientemente de que gobierne un partido u otro», para que la línea no cambie con cada legislatura. «Lo que no mata es que a los centros públicos es que cada cierto tiempo haya un cambio político y cada partido cambie las condiciones», resume Navareño. Un aspirante a profesor que hoy empieza la carrera va a jubilarse, si llega, en un sistema con una cuarta parte menos de alumnos que ahora, gestionado por administraciones que no se ponen de acuerdo ni en el diagnóstico, compitiendo por el tiempo libre de cada adolescente con una plataforma de vídeos que le enseña a montar un motor en veinte minutos sin pedirle que memorice antes la teoría de la termodinámica. Ser profesor en Extremadura no tiene futuro porque el futuro, sencillamente, cada vez tiene menos alumnos a los que dar clase, y a los que le quedan, alguien les está enseñando ya a hacer cosas en vez de a saberlas.

Redacción. A 26 de agosto de 2026.

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