abril 20, 2026

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El Cristo de la Espina de Badajoz

La ciudad de Badajoz se prepara para renovar uno de sus ritos más profundos y antiguos. El próximo viernes se celebrará el tradicional besapié al Nazareno de la Espina, una efigie cargada de historia y misticismo que reside en la iglesia del convento de las Descalzas. Esta obra anónima, tallada en madera de ciprés durante el siglo XVII, no solo es un referente artístico del barroco, sino el epicentro de una fe que ha sobrevivido a guerras, saqueos y el paso de los siglos.

Pedro Casas Guerrero: El Arquitecto de una Devoción

Si la devoción actual que se le profesa a esta imagen es un pilar fundamental de la Semana Santa pacense, se debe en gran medida a la figura de don Pedro Casas Guerrero (1651-1724). Hijo del barbero Lorenzo Rodríguez Casas y de Juana García Cralo, este médico y presbítero badajocense dedicó su vida y su patrimonio a asegurar que el culto al Nazareno trascendiera los muros del convento.

Casas Guerrero fue un hombre de gran influencia en la sociedad de la época. Ejerció como médico de los jesuitas, de los franciscanos del convento de San Gabriel y de los de Valverde de Leganés. Además, ostentó el cargo de ministro del Santo Oficio y Tribunal de la Inquisición de Llerena. Su fervor por la imagen era tal que, en 1709, refundó una capellanía con el objetivo específico de fomentar su culto público, ya que hasta ese momento la imagen era venerada casi exclusivamente por las monjas de clausura.

Un Patrimonio al Servicio del Culto

Para garantizar la perpetuidad de este culto, el doctor Casas Guerrero dotó a la capellanía de un patrimonio considerable. Entre los bienes destinados se encontraban:

  • Su casa principal, ubicada en el antiguo campo de San Juan (actual plaza de España), presumiblemente donde hoy se erige la casa Álvarez-Buiza.
  • Varias viviendas adicionales y una bodega.
  • Censos, viñas y olivares.
  • 14 fanegas de trigo provenientes del molino de Ballestero en el río Guadiana.

El fundador dejó establecido que el producto de estos bienes se empleara en iluminar al Nazareno con velas blancas en doce candelabros y lámparas que debían arder perpetuamente cada Jueves Santo. Además, su testamento revelaba un profundo sentido social y educativo, pues incluía una beca para que una persona pudiera estudiar teología, cánones, leyes o medicina en universidades de prestigio como Salamanca, Alcalá de Henares o Sevilla.

El Sepulcro de las Descalzas

El doctor falleció el 14 de enero de 1720 a los 68 años. Fiel a sus deseos, fue enterrado por la Hermandad de San Pedro a los pies del altar del Cristo. Su lápida, que fue visible hasta la reforma del suelo de la iglesia en 2006, rezaba en latín: «Sepvlchrvm doctoris Petri Cassas Gverrero, hvivs civitatis tym orivndi tvm medici, Sanctae Inqvissionis ministri. Obiit ano Dom. 1720. Et pro capellaniseivs».

Este sepulcro no solo acogió sus restos, sino también los de sus sucesores en la capellanía, como su sobrino Pedro de Alcántara Casas, quien falleció en 1749 pidiendo ser amortajado con sus vestiduras sacerdotales y colocado en una caja de madera forrada en bayeta negra junto a su tío.

Transformaciones, Guerras y el Título de «la Espina»

A lo largo de los siglos, el entorno y la propia imagen han sufrido cambios significativos. El altar original del Cristo se situaba a la izquierda del actual. El retablo rococó que hoy admiramos fue, con toda probabilidad, una donación de los patronos del convento, los condes de la Torre del Fresno. De hecho, la condesa viuda doña Florencia de Argüello y Mézquita sufragaba los gastos de la novena a principios del siglo XIX.

La historia de la imagen también está marcada por la tragedia bélica. En noviembre de 1811, durante la Guerra de la Independencia, las monjas fueron expulsadas por el gobernador francés Philippon para convertir el convento en cuartel. Posteriormente, el 7 de abril de 1812, el edificio sufrió el saqueo de las tropas inglesas tras la reconquista de la ciudad.

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando la advocación de «la Espina» aparece formalmente en los documentos. En 1867, en las rentas de la obra pía de doña Catalina de Vargas, ya se menciona específicamente al «Señor de la Espina de las Descalzas«. Curiosamente, la actual cruz de guía de la cofradía (fundada en 1939) es la misma que el Cristo portaba antiguamente sobre su hombro.

Hoy, el Nazareno de la Espina sigue siendo un símbolo de la identidad de Badajoz, uniendo el legado de aquel médico del siglo XVII con la fe inquebrantable de los devotos que cada año acuden a besar sus pies.

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