CATALUÑA LLEVA AÑOS PIDIENDO SOLIDARIDAD A TODOS MENOS A SÍ MISMA, Y CUANDO UN PUEBLO DE 700 VECINOS LA PRACTICA A SU MANERA, SE INDIGNA. La alcaldesa de Baños de Montemayor (Cáceres), Nieves del Vado, del PP, ha resuelto con fondos municipales un problema que ni la ley ni las instituciones habían resuelto en más de diez días: sacar de un apartamento turístico a un grupo de ocupas que se había instalado en él. El destino que eligieron los propios ocupas fue Mataró. El alcalde de la ciudad, el socialista David Bote, está «muy molesto».
La alcaldesa de Baños de Montemayor hizo lo que no hacía nadie: resolver el problema de sus vecinos
Los hechos, según ha reconocido la propia alcaldesa, son sencillos. Un grupo de personas contrató siete días en un apartamento turístico de La Plazuela por 595 euros y, al terminar la reserva, no se marchó. Los propietarios denunciaron. Los vecinos de un pueblo termal y turístico, famoso por sus aguas, llegaron a organizar caceroladas de protesta. Y la hija de los dueños pidió ayuda a la alcaldesa para encontrar una salida negociada a una ocupación que se alargaba más de diez días.
Del Vado intervino. Con presencia de la Guardia Civil y de una empresa especializada en desocupaciones, y tras horas de conversaciones, el Ayuntamiento costeó, con cargo a una partida municipal de contingencias, el traslado y cinco días de alojamiento. Según su relato, a los ocupas se les ofreció primero un taxi para ir a otra localidad; prefirieron Barcelona, donde aseguraron tener familiares, y el destino acordado fue Mataró. Después de abandonar el inmueble, volvieron a contactar con ella, le pidieron que les ingresara cerca de 1.000 euros para manutención, ella se negó, y recibió amenazas de que regresarían si no cobraban.
Es decir: una alcaldesa de un pueblo de 700 habitantes, sin apenas medios y sin que ninguna administración superior moviera un dedo, evitó que un conflicto vecinal acabara en algo peor, no pagó el chantaje que le plantearon después y asumió el coste político de decirlo en voz alta. Hay alcaldes de grandes ciudades que llevan años mirando hacia otro lado ante la ocupación y no han dado ni la mitad de explicaciones.
Lo que se le reprocha, y lo que no
Se le reprocha a Del Vado no haber avisado a su homólogo ni a las autoridades del Maresme. Es el único reproche con algo de sustancia, y es un reproche de forma, no de fondo: avisar habría sido deseable. Pero quien exige «comunicación previa entre ayuntamientos» tendría que empezar por preguntarse dónde estaba la comunicación, la ayuda y el respaldo cuando un pueblo de Cáceres llevaba diez días aguantando una ocupación sin que ninguna institución catalana, ni de ningún otro sitio, le ofreciera una solución. Una solución llegó, y la puso la alcaldesa.
Lo que no se le puede reprochar es el destino. Los ocupas eligieron Barcelona por voluntad propia, rechazando otra localidad. La alcaldesa no los condujo a ningún sitio: les pagó el viaje que ellos mismos decidieron. Y según el relato publicado, estas mismas personas habrían protagonizado una veintena de casos similares en otros municipios de España: Mataró no ha recibido a un extraño, sino a un viejo conocido de media España.
La indignación selectiva de quien exige solidaridad a los demás
Y aquí viene lo que de verdad importa. El alcalde de Mataró, del partido que gobierna en Cataluña, se declara indignado porque se le «envíe» a personas con problemas, con los gastos pagados y sin avisar. Quien reclama desde hace años que los territorios ricos y los pobres compartan cargas, quien presenta cada reparto de dinero como un agravio y cada euro que sale de Cataluña como un expolio, descubre de pronto que la solidaridad territorial está muy bien… mientras la pague otro.
Porque Extremadura sabe de solidaridad. Genera más de cuatro veces la electricidad que consume y exporta en torno al 76 % de lo que produce, según los balances eléctricos regionales, y alberga la central nuclear de Almaraz y la mayor planta fotovoltaica de Europa. La luz que enciende las fábricas, los hospitales y las casas de Cataluña, sale en buena parte de aquí. Y lo que recibe a cambio no es precisamente una lluvia de millones: en la partida de competencias singulares de la financiación autonómica, un extremeño recibió 11 euros por habitante en 2023; un catalán, 450. Cuarenta y una veces más, según el informe de Fedea. Hemos desmenuzado esas cifras en otro análisis y en este otro, y nada de lo que allí se dice ha sido desmentido.
Se produce aquí, se factura allí
A eso se suma un fenómeno que nadie en Cataluña menciona cuando habla de «expolio fiscal»: el de las empresas que venden en Extremadura y tributan, deciden y contratan fuera. El gasto sanitario es la mayor partida de las cuentas públicas y el gasto en medicamentos es una parte muy considerable de él: lo pagan los servicios públicos de salud de cada región, es decir, lo pagan los extremeños con sus impuestos. Pero la sede social, el beneficio empresarial, la dirección y buena parte del empleo cualificado de muchas de las grandes farmacéuticas que venden aquí están en Cataluña. Extremadura consume; el valor se contabiliza en otra parte. Con la energía ocurre exactamente igual: se genera en Usagre y se gestiona desde las sedes sociales de las grandes compañías.
Madrid, con todos sus defectos, no pasa el día diciendo que los extremeños pagan poco. No se dedica a darnos lecciones de agravio. Hay una región que sí lo hace desde hace décadas: la que, por cierto, ha sido siempre región y no nación (en la historia, la Corona de Aragón la contó como uno de sus territorios, no al revés), y que ha convertido el victimismo en una industria. Una industria bastante rentable, a juzgar por esos 450 euros por cabeza.
Coherencia, señores del PSOE
Y el partido que gobierna la Generalitat, y al que pertenece el alcalde de Mataró, es el mismo que defiende en toda España el acogimiento sin límites y los repartos obligatorios de personas entre territorios cuando es otro quien los recibe. La coherencia es sencilla: quien reparte cargas ajenas debería ser el primero en asumir las propias. Si enviar a un grupo de personas, que ellas mismas eligieron, a una ciudad de 130.000 habitantes provoca tal indignación, ¿qué dicen de quienes imponen las mismas decisiones a pueblos de 700 vecinos sin servicios ni presupuesto?
Y quien dé lecciones de ejemplaridad institucional debería hacerlo desde un partido con la casa limpia. El juez Santiago Pedraz, de la Audiencia Nacional, investiga en el caso Leire Díez a dirigentes socialistas como el exsecretario de Organización Santos Cerdán (que ya conoció la prisión provisional en otro procedimiento) por delitos como organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y revelación de secretos, y el auto recoge al menos 22 reuniones en la sede de Ferraz. El PP, como acusación popular, ha pedido que el PSOE sea citado como investigado; la Fiscalía Anticorrupción lo descarta por ahora. Es decir: el PSOE no está imputado, pero sí lo están quienes dirigían su estructura. No es el mejor currículum para dar clases de cómo se hacen las cosas.
La propuesta: que lo hagan todos los pueblos de España
Si el alcalde de Mataró cree que lo que ha ocurrido es una afrenta, hay una salida muy sencilla y muy justa: que lo asuma su partido y que lo asuma todo el país. Si la solidaridad entre territorios es un valor, que lo sea de verdad. Los pueblos de España, desde el más pequeño de la Serranía de Ronda hasta el más remoto de Soria, que llevan años pagando con su despoblación y su falta de servicios la ausencia de política seria sobre ocupación, vivienda e inmigración, tienen el mismo derecho que Baños de Montemayor a que cada institución arrime el hombro. Y el primero que debe hacerlo es quien más lo exige.
Porque la moraleja de este episodio no tiene nada de extremeña ni de catalana: es de sentido común. Una alcaldesa de pueblo hizo en una tarde lo que las administraciones no habían hecho en diez días, no pagó el chantaje posterior y no se escondió. Que alguien con presupuesto y estructura de ciudad le dé lecciones es, como poco, un ejercicio de cinismo. Nieves del Vado puede haber olvidado una llamada de cortesía, pero no ha olvidado lo que le debe a sus vecinos. Y eso, en estos tiempos, es lo que más escasea.
Redacción. A 24 de octubre de 2026.
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