Quintana, el delegado del Gobierno que haría sonrojar a un gobernador civil de Franco

EL CARGO PÚBLICO MÁS CÓMODO DE EXTREMADURA LO OCUPA UN HOMBRE QUE PARECE VELAR SU PROPIO ENTIERRO.

Un gobernador civil sin Franco, que es lo único que le falta

José Luis Quintana es, desde diciembre de 2023, delegado del Gobierno en Extremadura. Dicho con menos eufemismo: el gobernador civil de los tiempos de Sánchez. Y aun con todo el respeto a la hemeroteca, un gobernador civil del franquismo, con sus defectos, al menos tenía el decoro de disimular que obedecía. Este ni disimula. Es el hombre del Gobierno en una tierra que no lo ha votado, y se le nota en cada comparecencia.

Sus críticos lo llaman «el Muerto», por ese aire de triste y de luto perpetuo, de asistente a un velatorio que nunca termina. Se dirá que el mote es cruel. Lo cruel es otra cosa: que el cargo se haya convertido en sinecura.

Defender lo indefendible, y cobrar por ello

Quintana ha hecho carrera defendiendo lo indefendible: la amnistía, los pactos, los silencios del partido. Y la recompensa llega puntual cada mes en forma de nómina pública, por un trabajo cuyo resultado tangible nadie sabría señalar. Delegado del Gobierno en Extremadura, sí; delegado de los extremeños, ni un día.

El currículum no ayuda. Según la información publicada en 2025, llevaba años presentándose como diplomado en una materia tributaria, cuando lo que había hecho era un curso de una federación privada. Él lo niega y asegura que nunca se presentó como diplomado universitario. También trascendió una denuncia ante la Agencia Tributaria por presuntos pagos irregulares en la agrupación socialista de Don Benito durante su etapa como secretario general. Es una denuncia, no una condena, y así consta. Pero un ejemplo, lo que se dice un ejemplo, tampoco.

El presidente que besa a quien toca

Mal puede exigirse ejemplaridad desde un partido cuyo líder no hace ascos al saludo, al abrazo ni al beso con quienes arrastran causas judiciales. En ese ambiente, en el que el abrazo con un imputado se ha vuelto costumbre de la casa, Quintana no desentona: se encuentra en su elemento.

El que se ríe de quien lo vota

Lo más llamativo de Quintana no es lo que calla, sino contra quién habla. Solo se mete con los extremeños que no lo votan, que son la mayoría. Y a los que sí lo votan los trata con una condescendencia que, vista de cerca, solo puede interpretarse como burla. Un cargo que debería ser puente entre el Gobierno y la región se ha convertido en una tribuna de partido pagada con dinero de todos.

Extremadura merece un representante del Estado que sepa a qué ha venido. Quintana sabe perfectamente a qué: a cobrar, a callar lo incómodo y a defender lo que le manden. Para eso no hacía falta ni delegado ni delegación. Bastaba un velatorio.

Redacción. A 21 de octubre de 2026.

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