El Hospital de los Caballeros de Badajoz
La historiografía de Badajoz durante el siglo XVI revela un entramado asistencial complejo, donde la caridad y la religión se entrelazaban en una red de centros hospitalarios. Más allá de instituciones de renombre como el Hospital de Santa Catalina, ubicado en la calle del Campillo, o los hospitales de la Concepción (antiguamente de San Andrés), la Santa Vera Cruz y la Antigua Piedad, existió una institución menos conocida pero profundamente ligada a la identidad militar y religiosa de la ciudad: el Hospital de los Caballeros.
Este centro, denominado originalmente como Hospital de Nuestra Señora de los Caballeros y posteriormente conocido como de Nuestra Señora de la Consolación, representa un capítulo fascinante de la vida intramuros en la Alcazaba o el Castillo. Su trayectoria, documentada a través de censos y escrituras de propiedad, ofrece una ventana a la evolución urbana y social del Badajoz renacentista y barroco.
Un rastro documental en el siglo XVI
La primera referencia sólida sobre esta institución data del 21 de abril de 1571. En un documento de reconocimiento de censo, Alonso Delgado —hijo del portero y vecino de la ciudad— declaraba poseer una viña con diez olivos cerca de la huerta de la Granadilla, con capacidad para 2.500 cepas. Esta propiedad lindaba con el camino a Telena y estaba sujeta a una carga de cinco reales de plata anuales que debían pagarse al Hospital de Santa María de los Caballeros del Castillo.
Pocas semanas después, el 14 de mayo de 1571, surge otro testimonio documental. Juan de Portilla reconocía un censo sobre una pequeña casa en la calle del Monasterio de Nuestra Señora de los Remedios, lindante con las casas de las Rebollas. En este caso, la carga era de 80 maravedíes anuales destinados al Hospital de Nuestra Señora de los Caballeros. Estos registros confirman que el hospital no solo era una entidad asistencial, sino un propietario de tierras y rentas que sustentaban su funcionamiento.
Ubicación estratégica y cambio de advocación
La localización del hospital era inequívoca: se encontraba en el sector del Castillo. Documentos de finales de mayo de 1571 mencionan la venta de una casa con corral por parte del barbero Rodrigo Díaz a Francisco Rodríguez Centeno. Dicha propiedad se situaba «yendo al Hospital de los Caballeros» y colindaba directamente con el edificio hospitalario.
Hacia el cambio de siglo, la institución experimentó una transformación en su denominación. El 19 de diciembre de 1601, aparece por primera vez citado como Hospital de Nuestra Señora de la Consolación. Este cambio coincide con la vinculación del centro a una cofradía, aprobada formalmente por el obispado en 1605, aunque es probable que la hermandad ya operara años atrás. En 1616, la relación queda sellada documentalmente al mencionarse que ciertas tierras en el camino a Talavera, propiedad de Juan Grajera, debían pagar dos reales de censo al hospital «que llaman el Hospital de los Caballeros».
Un detalle arquitectónico relevante de esta época es la mención de una vivienda situada bajo el arco de una torre, identificada posiblemente como la Torre de los Caballeros. Este arco permaneció en pie al menos hasta 1803, figurando en los planos levantados por el sargento mayor José de Gabriel Estenoz y el capitán José Fuentes Cruz.
Las teorías sobre el origen del nombre
El apelativo «de los Caballeros» ha generado diversas teorías históricas:
- Órdenes Militares: Se especula que el nombre podría derivar de los caballeros de las órdenes militares que entraron en la ciudad en 1230 con el rey Alfonso IX de León. Se tiene constancia de la presencia de templarios en la zona, quienes ocuparon una casa junto a la ermita de Santa Marina antes de ser abolidos en 1312. Dado que la Orden del Temple se denominaba oficialmente Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, el vínculo nominal es plausible.
- Asistencia a Reos: Una segunda teoría se basa en actas municipales de septiembre de 1596, donde se menciona una torre «donde se prenden los caballeros». Esto sugiere que el hospital pudo estar dedicado exclusivamente a reos de sexo masculino o a caballeros que sufrían prisión en la zona, contando con la asistencia de la cofradía.
El declive y la transformación en camposanto
El final del hospital y su entorno estuvo marcado por la violencia bélica y las crisis sanitarias. La zona de la Alcazaba sufrió daños devastadores durante la Guerra de la Independencia. Para 1813, las autoridades prohibieron los enterramientos en las iglesias del casco urbano por motivos de salud pública, con mínimas excepciones como la Catedral y la iglesia de la Concepción.
Ante la necesidad de un espacio para el descanso eterno, en 1821 se habilitó como cementerio el área comprendida entre las ermitas de la Consolación y del Rosario. Incluso el interior de estas ermitas, ya abandonadas, se utilizó para sepulturas. En 1829, el cabildo catedralicio invirtió 5.557 reales en la construcción de un panteón en este «Campo Santo» del Castillo para sus capitanes y capellanes.
Finalmente, tras breves periodos de uso en la zona de la Luneta y un intento de rehabilitación del cementerio de la Alcazaba en 1838, se inauguró el cementerio del Carro del Viento en 1839, cerrando definitivamente la etapa del Hospital de los Caballeros como centro de referencia en la ciudad alta de Badajoz.