Alonso de la Torre
Los artículos firmados por Alonso de la Torre siempre evidencian el sesgo progre constante en su forma de analizar la política.
En el último sobre las elecciones aragonesas pone, como no podía ser de otra manera conociendo al personaje, el foco una vez más sobre el PP, sobre sus decisiones de campaña y sobre el crecimiento de Vox, mientras se evita señalar con la misma claridad quién es el verdadero derrotado electoral: el Partido Socialista.
A lo largo del texto, la responsabilidad del resultado se orienta hacia el PP, sugiriendo que determinados movimientos pudieron ser decisivos. Sin embargo, apenas se subraya que quien pierde el Gobierno de Aragón es el PSOE. No se desarrolla un análisis profundo sobre su desgaste tras años de gestión ni sobre los errores estratégicos cometidos, y los casos de corrupción que le rodean.
Resulta especialmente llamativo el tratamiento de la candidata socialista. Alegría se presentó como cabeza de lista desde su puesto de portavoz del Gobierno de la Nación, una de las figuras con mayor presencia mediática del Ejecutivo, habitual en los informativos nacionales y con exposición diaria durante años.
Tras el resultado, se sostuvo que parte del electorado no la votó porque “no la conocía”. Esa explicación no se cuestiona ni se confronta con la realidad de su notoriedad pública. No se plantea si el problema no era de conocimiento, sino de valoración política. Lo mismo el problema ha sido que la conocían…
Además, el análisis omite el contexto nacional en el que el PSOE gobierna apoyándose parlamentariamente en EH Bildu, cuyo coordinador general es Arnaldo Otegi, condenado por terrorista, y en partidos independentistas catalanes cuyos dirigentes fueron condenados por intentar dar un golpe de estado.
Ese marco político forma parte del debate público y de la percepción de muchos votantes, pero no aparece integrado en la interpretación sesgada y manipuladora del tipo que firma en el periódico HOY.
El patrón es claro: los errores se buscan en el espacio de la derecha, el riesgo se sitúa en la fragmentación conservadora y el foco se mantiene sobre el PP.
Mientras tanto, el partido que gobernaba y que pierde el poder institucional apenas es sometido al mismo nivel de exigencia.
Cuando el análisis político señala siempre en una misma dirección y reduce la responsabilidad del otro lado del tablero, el encuadre deja de ser equilibrado. En unas elecciones donde el cambio de gobierno es el dato central, omitir el examen crítico del PSOE no es un detalle menor, sino una pieza clave de la interpretación.
Seguramente el tal Alonso estaría con los secuestradores de Ortega Lara, miembros de Bildu, antes que con Ortega Lara, miembro de Vox.