Detrás de una fachada encalada y sin pretensiones, típica de la arquitectura serrana del sur de Extremadura, se esconde uno de los conjuntos artísticos y devocionales más sorprendentes de la región. La ermita de Nuestra Señora del Ara, a los pies de la Sierra de la Jayona, en el término de Fuente del Arco (Badajoz), guarda un interior que nada tiene que ver con su austeridad exterior: prácticamente cada muro y cada bóveda están cubiertos de pintura, un despliegue que ha valido al templo el apodo popular de «Capilla Sixtina extremeña».
La comparación no es solo un recurso publicitario. Apenas queda un rincón sin decorar. Las escenas recorren con detalle narrativo los primeros libros del Antiguo Testamento —la Creación, Adán y Eva, la expulsión del Paraíso, el arca de Noé, las historias de Isaac y Rebeca— convertidas en una suerte de catecismo pintado para una feligresía que, durante siglos, apenas sabía leer.
Del gótico al barroco, obra de manos anónimas
Lo que hoy cubre los muros de la ermita no responde a un encargo único ni a una sola mano. Las pinturas se fueron superponiendo a lo largo de varios siglos: las capas más antiguas se remontan a los siglos XIV y XV, mientras que otros tramos corresponden a repintes ya plenamente barrocos, datados en 1736.
Pese a los estudios históricos y las restauraciones realizadas en el templo, no se ha podido poner nombre a quienes pintaron estas escenas. Los análisis técnicos sí han logrado, al menos, distinguir el trabajo de seis manos distintas a lo largo de las sucesivas fases constructivas y decorativas, con rasgos que van del gótico tardío al renacimiento y desembocan en un barroco de raíz popular.
Agua, leyenda y el rey ciego de la sierra
El origen de la devoción en este paraje mezcla el culto mariano con una espiritualidad más antigua, ligada al agua y al paisaje. Varios manantiales rodean la ermita, algunos de los cuales no se han secado ni en los periodos de sequía más prolongados. La referencia escrita más temprana del lugar aparece ya en el siglo XIV, en el Libro de la Montería atribuido a Alfonso XI, donde se cita un santuario dedicado a Santa María en este mismo entorno.
Junto al dato documental sobrevive una leyenda transmitida de generación en generación. Sitúa en la Sierra de la Jayona a un rey musulmán ciego, Jayón, y a su hija, la princesa Erminda. Según el relato, la joven vio aparecer a la Virgen sobre una encina, junto a uno de los manantiales, y esta intercedió para devolver la vista a su padre. El milagro llevó a ambos a convertirse al cristianismo y a ordenar la construcción del santuario. La tradición añade un episodio casi de cuento: los muros que se levantaban de día se derrumbaban de noche, hasta que una nueva aparición de la Virgen señaló el emplazamiento definitivo, escena que todavía puede verse representada en una tabla gótica conservada en el propio templo.
El corazón de la Campiña Sur
Más allá de su interés artístico e histórico, la ermita es el punto de referencia sentimental de Fuente del Arco, un municipio de poco más de 700 habitantes en la Campiña Sur pacense. La devoción a la Virgen del Ara desborda lo local: cada año convoca a familias enteras y a emigrantes que regresan al pueblo para cumplir promesas o guardar penitencia.
El momento de mayor intensidad llega cada septiembre, justo antes de las celebraciones oficiales del Día de Extremadura. En la noche del 7 de septiembre, tras la misa, la imagen sale de su camarín y arranca el tradicional rosario de antorchas: una procesión a pie de siete kilómetros que une la ermita con el casco urbano de Fuente del Arco y que termina con la llegada de la patrona al pueblo, ya con las primeras luces del amanecer.