Chandavila, el santuario de La Codosera al que ya peregrinan desde todo el mundo

A ESCASOS KILÓMETROS DE LA FRONTERA CON PORTUGAL, en un rincón menudo de la geografía pacense, el municipio de La Codosera —no llega a 2.000 vecinos— se ha convertido en los últimos dos años en uno de los focos de peregrinación religiosa con más proyección de España. Todo gira en torno a un castañar situado a las afueras del pueblo, conocido como Chandavila, donde hace ochenta años dos niñas aseguraron haber visto a la Virgen. Lo que durante décadas fue una devoción popular estrictamente local, ligada a Extremadura y al sur de Portugal, hoy recibe peregrinos llegados de Corea del Sur, Estados Unidos y México.

Un castañar en la Extremadura de posguerra

Para entender el origen hay que retroceder al 27 de mayo de 1945. Aquel día, Marcelina Barroso Expósito, una niña de diez años, se dirigía de camino a la localidad portuguesa de El Marco cuando, dos kilómetros antes de llegar a La Codosera, en el paraje conocido como Chandavila, aseguró ver una figura envuelta en niebla junto a un grupo de castaños. Tres días después, el 30 de mayo —festividad del Corpus Christi—, Afra Brígido Blanco, de diecisiete años, tuvo su propia experiencia en el mismo lugar; según el relato que se transmitió después, Afra llegó a presentar heridas en manos, pies y costado. El 4 de junio, Marcelina recorrió de rodillas cerca de sesenta metros sobre un tramo cubierto de piedras, erizos de castaña y espinos hasta llegar al árbol de las apariciones, sin sufrir una sola herida.

La Extremadura de aquellos años era una tierra humilde, eminentemente rural y todavía marcada por las heridas de la Guerra Civil. En ese contexto de posguerra, el relato de las dos niñas —oración, sacrificio, conversión, perdón y, sobre todo, paz— caló en una población que llevaba una década conviviendo con el enfrentamiento reciente. La Virgen, según lo transmitido por las videntes, pidió que tres meses después, el 4 de septiembre de aquel mismo 1945, se celebrase una misa de campaña en el lugar.

Casi ochenta años de cautela eclesial

La Iglesia trató siempre con prudencia las apariciones de Chandavila. Durante casi ocho décadas, la devoción se mantuvo viva gracias a la fidelidad de los peregrinos de la comarca y del Alentejo portugués, sin que la jerarquía eclesiástica se pronunciase sobre su naturaleza sobrenatural. El giro llegó recién entrado este siglo, cuando la archidiócesis de Mérida-Badajoz promovió un documento titulado «Una luz en España» para poner en valor la experiencia espiritual vinculada al santuario.

El espaldarazo de Roma

El 22 de agosto de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano dio su conformidad a ese documento mediante una carta firmada por su prefecto, con el visto bueno del entonces papa Francisco: el conocido como «nihil obstat». El texto reconocía la riqueza espiritual de Chandavila y los frutos de conversión, oración y caridad asociados al lugar, sin llegar a declarar sobrenaturales las apariciones, pero abriendo la puerta a una nueva etapa para la devoción.

Apenas un mes después, el 15 de septiembre de 2024, el arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, dio el siguiente paso: proclamó Chandavila santuario diocesano. Era el primer peldaño de una aspiración mayor, la de convertir aquel castañar fronterizo en un lugar de peregrinación de dimensión nacional y, más adelante, internacional.

El propio papa Francisco llegó a interesarse personalmente por la historia de Chandavila poco antes de morir —falleció el 21 de abril de 2025—, según ha explicado el propio arzobispo Rodríguez Carballo: lo que más le llamó la atención al pontífice fue el mensaje de paz y perdón que rodeaba aquella experiencia nacida en un pequeño rincón de España.

De ermita rural a foco de peregrinación internacional

El dato que mejor mide el peso que ha adquirido Chandavila dentro de la geografía religiosa española llegó con el Jubileo ordinario de 2025: de los ocho santuarios jubilares designados por el arzobispado en la archidiócesis de Mérida-Badajoz, más de 60.000 peregrinos pasaron por ellos, y más de la mitad —unos 32.000— lo hicieron precisamente por Chandavila.

Más llamativo aún es el origen de esos peregrinos. En el último año han llegado hasta el santuario grupos procedentes de:

  • Corea del Sur, con cinco peregrinaciones organizadas
  • Estados Unidos
  • México
  • Diversos países de Europa

Una devoción que durante décadas apenas trascendió de Extremadura y las localidades portuguesas más próximas a la frontera empieza así a mirar mucho más lejos. Y no solo como destino: la parroquia de San Fernando, en Cádiz, ha elegido el santuario extremeño para comenzar su propio Camino de Santiago, y varias parroquias portuguesas han empezado a iniciar desde allí su peregrinación hacia Fátima, otro de los grandes santuarios marianos de la Península. La archidiócesis, de hecho, está poniendo el foco en estrechar relaciones con el santuario portugués, con la intención de reforzar los vínculos entre ambos lugares; está prevista próximamente la visita a Chandavila del rector del santuario de Fátima.

Presencia permanente para los peregrinos

El proyecto no se limita a recibir visitantes puntuales. Se está trabajando ya en la construcción de una casa para peregrinos, pensada para quienes llegan desde lugares lejanos y necesitan permanecer varios días en el santuario. Además, desde finales de 2025 se ha reforzado la presencia permanente en el lugar con la llegada de religiosas de la Congregación de Marta y María, encargadas del cuidado del santuario y de su atención cotidiana.

La paradoja de fondo es que Chandavila no ha recurrido a ningún tipo de campaña o despliegue promocional para atraer esta atención internacional. Su historia sigue siendo, en lo esencial, la misma que empezó en 1945: no tanto lo que relataron aquellas dos niñas, sino el poso que ha dejado, que no es otro que el de un santuario levantado en una tierra humilde y fronteriza, marcada por una historia de paz y perdón. En un tiempo que no sobra precisamente de ninguna de las dos cosas, no es difícil entender por qué un castañar de La Codosera ha terminado en el mapa de la Iglesia universal.

Redacción. A 29 de septiembre de 2026.

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