junio 10, 2026

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Mérida bastión sanchista en Extremadura

El salón de plenos del Ayuntamiento de Mérida acogió la conferencia titulada «Consejo de Estado y Democracia», un acto presidido por Carmen Calvo en el marco del quinto centenario de la institución que hoy dirige.

Sin embargo, la solemnidad del evento choca de frente con la trayectoria de una de las figuras más polémicas del PSOE, recordada históricamente por su célebre y controvertida afirmación de que «el dinero público no es de nadie».

Hoy, a la luz de la gestión de su partido, aquella frase parece haber mutado en una máxima implícita mucho más restrictiva: el dinero público y las instituciones del Estado pertenecen en exclusiva a los socialistas.

La presencia de Carmen Calvo en la capital extremeña, arropada por el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, no hace más que avivar las críticas sobre la patrimonialización que el socialismo ejerce sobre los recursos comunes.

Cabe recordar que el propio Rodríguez Osuna protagonizó un sonado escándalo al filtrarse unas declaraciones en las que afirmaba que, mientras él fuese alcalde, se contrataba a quien él quisiera en el consistorio, justificando el veto a opositores políticos.

Esta confluencia en Mérida evidencia una preocupante concepción del poder: una realidad donde los trabajos públicos e institucionales parecen ser propiedad privada de los alcaldes y dirigentes de las siglas socialistas.

Carmen Calvo, jurista constitucionalista y profesora universitaria, acumula un largo historial en la primera línea política como vicepresidenta del Gobierno central de Pedro Sánchez, ministra con José Luis Rodríguez Zapatero y consejera de la Junta de Andalucía. Su llegada al Ayuntamiento de Mérida para firmar en el Libro de Honor del Consistorio emeritense ha sido vendida por el Gobierno local como una jornada de alta relevancia institucional, intentando blanquear con tecnicismos y protocolos lo que la oposición y la ciudadanía critican como un uso partidista de la administración de España.

Una retórica sobre la democracia que contrasta con la realidad de los ayuntamientos

Durante su intervención, la presidenta del Consejo de Estado ofreció una densa reflexión sobre el papel de este órgano consultivo del Gobierno y su supuesta contribución a la consolidación y al fortalecimiento de la democracia a lo largo de su historia. Según expuso la ponente, el objetivo de la entidad es garantizar que las leyes, decretos y decisiones del Estado se ajusten con total escrupulosidad a la Constitución Española y al ordenamiento jurídico.

Sin embargo, esta retórica garantista contrasta drásticamente con la práctica política que defiende el alcalde anfitrión, Antonio Rodríguez Osuna. La idea de que las leyes y los procesos de selección pública deben ser limpios e imparciales se desmorona cuando los propios líderes locales del PSOE asumen públicamente el control discrecional del empleo institucional. La contradicción es evidente: mientras Carmen Calvo habla de la pulcritud del Estado de Derecho, los gobiernos locales socialistas aplican la política del dedazo, convirtiendo el acceso al trabajo público en un privilegio reservado para redes de afinidad partidista.

La tarde de la autocomplacencia: Premios de partido en la Alcazaba

La jornada de propaganda continuó por la tarde en el centro cultural de la Alcazaba, un espacio público utilizado una vez más para los fines internos de la organización. En este escenario, Carmen Calvo, en su rol de referente del feminismo oficial del PSOE, participó en la entrega del Premio Margarita Nelken de Igualdad.

El galardón fue concedido a título póstumo al expresidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, dentro de unas jornadas organizadas por las Juventudes Socialistas de Extremadura. Con esta iniciativa, la organización juvenil del partido intentó subrayar su supuesto compromiso con la igualdad, la justicia social y la defensa de los derechos de las mujeres, al tiempo que reivindicaba la figura de Margarita Nelken como referente histórico del socialismo español.

Este despliegue de premios cruzados y reconocimientos internos entre la vieja guardia y las nuevas generaciones del partido refuerza la crítica central: un entramado político que confunde de manera sistemática lo público con lo privado, donde los recursos de los ciudadanos se emplean para el autobombo de unas siglas que actúan como si el dinero, las instituciones y los puestos de trabajo del Estado fuesen de su exclusiva propiedad.

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