junio 1, 2026

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El convento de San Onofre en Badajoz

El patrimonio histórico de Badajoz custodia secretos que, a menudo, permanecen sepultados bajo el asfalto de sus calles modernas y el trasiego de la vida comercial. Uno de los mayores enigmas arquitectónicos y religiosos de la ciudad ha sido, sin duda, el destino del desaparecido convento de San Onofre (también conocido como del Santo Nufio). Ubicado originalmente en la histórica calle del Pozo —bautizada en la actualidad como calle Menacho—, este complejo no solo albergó a las religiosas de la Orden de San Jerónimo, sino que su devenir sirve como un reflejo fidedigno de los convulsos procesos socioeconómicos que sacudieron a España durante el siglo XIX.

Recientes investigaciones y el hallazgo de escrituras notariales desconocidas hasta la fecha han permitido reconstruir con precisión milimétrica la cronología de este inmueble, desmintiendo viejas teorías cronológicas y sacando a la luz la agresiva parcelación que sufrió tras las leyes de desamortización decimonónicas.

El patronato de Godoy y las raíces del templo

Durante mucho tiempo se sostuvo la hipótesis de que el patronato del convento de San Onofre se había establecido con posterioridad al del convento de San Gabriel, fechado en 1796. Sin embargo, el descubrimiento de un protocolo notarial firmado en Madrid el 8 de julio de 1794 cambia radicalmente el panorama. Se trata de un poder otorgado por Manuel de Godoy Álvarez de Faria Ríos Sánchez Zarzosa, el todopoderoso duque de la Alcudia, primer secretario de Estado, secretario de la reina, capitán general de los reales ejércitos y caballero de la Orden del Toisón de Oro.

A través de este documento, Manuel de Godoy confería plenos poderes a su hermano, Luis Vicente de Godoy Álvarez de Faria, caballero del Orden de Santiago, comendador en Casas Buenas de Mérida y capitán general del ejército y provincia de Extremadura. El objetivo era nítido:

«Admitir y aceptar el patronato del monasterio de religiosas de San Onofre de la ciudad de Badajoz, Orden de San Jerónimo, con la asignación de cuatrocientos ducados anuales de dotación para todo gasto».

La toma de posesión real, corporal y formal del patronato se dilataría, quedando constancia de su ratificación definitiva en el año 1804, aunque la escritura específica de la plaza pacense no haya logrado sobrevivir al paso del tiempo.

Cabe destacar que la importancia de la iglesia de San Onofre ya venía de largo. El templo original fue reconstruido a mediados del siglo XVII gracias al mecenazgo de su vecino napolitano Francisco Tutavila, duque de San Germán y de Sasson. Su relevancia en la devoción local queda demostrada al haber sido el primer templo que cobijó a la Virgen de la Soledad tras su histórica llegada a Badajoz en el año 1660.

La Desamortización: un convento troceado en ocho partes

El declive definitivo del complejo religioso llegó con las leyes de desamortización de los bienes nacionales. Las monjas jerónimas se vieron obligadas a abandonar las instalaciones y a trasladarse al contiguo convento de las Descalzas, lugar donde consta que continuaban residiendo hacia 1852.

Una vez que el Estado tomó el control del inmueble, el antiguo convento de San Onofre fue fragmentado y subastado públicamente, dividiéndose exactamente en 8 partes. Este proceso atrajo a una floreciente burguesía local, a altos mandos militares y a activos especuladores inmobiliarios que transformaron de forma irreversible la fisenomía de la zona:

  • Primera parcela (1834): Fue adquirida por Valentín Falcato, maestro mayor de obras de fortificación, arquitecto municipal y capitán de la quinta compañía de la Milicia Nacional, por un montante de 10.800 reales. Esta sección incluía el corral o huerta, el pozo situado en el terreno y un cuarto que originalmente funcionaba como celda.
  • Segunda parcela (1842): Vendida a Juan García Minayo por 9.200 reales, con una superficie total de 536 varas cuadradas.
  • Tercera parcela (1843): Adquirida por el regidor del ayuntamiento, Manuel Cordero, por la elevada cifra de 75.000 reales. Esta importante sección abarcaba una superficie de 536 varas cuadradas e incluía la torre de la iglesia, la cual terminó siendo derribada.
  • Cuarta parcela (1843/1845): Comprada inicialmente en subasta pública por el senador Alejandro Barrantes Moscoso. En un gesto particular, el senador declaró en 1845 que había cedido una de las porciones a las propias monjas para que la habitasen de por vida. Posteriormente, en 1853, vendió una casa sin número en la calle del Pozo derivada de esta compra a Juan de Dios Martínez por 10.000 reales.
  • Quinta parcela (1851): Adquirida por José Ambrós González, natural de Zamora, capitán del Batallón XI ligero de Valencia y posteriormente coronel de infantería y gobernador del fuerte de San Cristóbal de Badajoz. El precio fijado fue de 62.000 reales, comprando la propiedad en asociación con conocidos especuladores de la época, entre los que presuntamente figuraba Mariano de Castro Pérez. Debido al deterioro de los legajos de la época, solo se ha podido constatar que esta fracción albergaba el antiguo refectorio y la cocina conventual.
  • Sexta parcela (Bienes Nacionales): Pasó a manos del comerciante catalán José Carbonell Carbonell, natural de Copons, mediante escritura del juzgado de Primera Instancia. En 1856, José Carbonell revendió esta parte a Juan de Dios Martínez por 35.000 reales. El lote contenía elementos estructurales clave: todo el coro bajo, parte del claustro, el patio y una cisterna.
  • Séptima parcela (1853): El solar restante fue a parar a manos de Agustín Galavis, comerciante y teniente de infantería natural de Alcántara. Este terreno correspondía exactamente a la parcela urbana donde se asienta la actual tienda de Modas Carlos, colindando a la derecha con la iglesia del convento de las Descalzas.

Juan de Dios Martínez y la reconversión en Gobierno Civil

Si hubo un nombre propio que monopolizó la unificación y reconversión comercial de los restos de San Onofre, ese fue el del comerciante riojano Juan de Dios Martínez Ortiz, natural de Rasillo de Cameros (colectivo conocido popularmente en la plaza como los ‘cameranos’).

Juan de Dios Martínez desplegó una intensa actividad de compraventa y arrendamiento sobre las diferentes porciones desamortizadas. En 1851 compró una sección que vendió apenas un año después a Carlos Martínez Patrón por 20.000 reales bajo la modalidad de contrato de retroventa (que otorgaba el derecho a recuperar la propiedad), saldando la carta de pago definitiva en 1853.

El hito institucional del antiguo complejo religioso se materializó el 30 de enero de 1856. En esa fecha, Juan de Dios Martínez firmó el arrendamiento de un edificio de nueva construcción levantado sobre los terrenos del antiguo convento. El inmueble fue alquilado por un periodo obligatorio de 10 años, a razón de 20 reales por día, con el fin de convertirse en la sede oficial del Gobierno Civil de la provincia, tal y como quedó plasmado en la cartografía histórica y planos urbanos del año 1871.

Conexiones heráldicas y un hallazgo artístico en la platería local

Las investigaciones en torno a los propietarios de los terrenos de San Onofre han desvelado ramificaciones genealógicas de enorme interés para la historia del arte sacro de Badajoz. José Ambrós González (comprador de la cocina y el refectorio) estuvo casado con la pacense Micaela Álvarez Sánchez. Su hijo, José Ambrós Álvarez, sirvió como comandante de infantería en 1871, perpetuándose su linaje directo en la ciudad hasta nuestros días.

El dato más sorprendente es que Micaela Álvarez Sánchez era biznieta del terrateniente zamorano Miguel Martínez de Vegas. La historia local ha rescatado que fue este antepasado quien, en el año 1765, donó de su propio patrimonio la imponente diadema de procesión y la media luna de plata que, todavía hoy, luce la Virgen de las Lágrimas, una de las joyas patrimoniales de la Cofradía del Santo Entierro de Badajoz.

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