Cela, Chirbes, Landero: los escritores que convirtieron Badajoz en territorio literario

Badajoz no solo ocupa titulares de política municipal o de fútbol. Desde hace más de ochenta años, la ciudad y su provincia han sido escenario, origen o refugio de algunos de los nombres más relevantes de la literatura española del último siglo, además de plató de una comedia de enredo rodada en pleno franquismo. De Camilo José Cela a César Pérez Gellida, pasando por un poeta autodidacta criado en el hospicio pacense, repasamos los libros —y la película— que han llevado el nombre de Badajoz más allá de sus fronteras.

Camilo José Cela: la cárcel de Badajoz como escenario fundacional

Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura en 1989, no nació en Extremadura, pero eligió la provincia de Badajoz para ambientar su primera y más célebre novela, La familia de Pascual Duarte (1942). El protagonista es un campesino de Torremejía —pueblo real— y la acción se mueve también por Mérida, Almendralejo, Don Benito y la capital pacense. La novela son, de hecho, las memorias que Pascual Duarte redacta desde la cárcel de Badajoz mientras espera su ejecución, firmadas el 15 de febrero de 1937.

Es la obra fundadora del «tremendismo» español: retrata con una crudeza entonces inédita la miseria y la violencia del campo extremeño de posguerra, a través de un narrador criminal que intenta, sin conseguirlo del todo, explicarse a sí mismo. Puede decirse, sin exagerar demasiado, que es el texto literario que más ha fijado en el imaginario nacional una imagen —dura, casi brutal— de la Extremadura rural.

Manuel Pacheco, el poeta que se hizo a sí mismo en Badajoz

Si Cela llegó desde fuera, Manuel Pacheco Conejo (Olivenza, 1920 – Badajoz, 1998) es la voz literaria más «de la tierra» de todas las que aquí aparecen. Huérfano a los siete años, se crió en el hospicio de Badajoz, apenas pisó una escuela y se formó como autodidacta mientras trabajaba de monaguillo, cantaor, fotógrafo, albañil o marmolista. Fue figura central de las tertulias literarias pacenses de los años cincuenta, junto a Jesús Delgado Valhondo y Luis Álvarez Lencero, y uno de los poetas más fértiles de la Generación del 50 extremeña.

Su poemario Para curar el cáncer no sirven las libélulas (Zero, 1972) pertenece a su etapa de poesía social y de denuncia, en la línea de Poesía en la tierra: versos sin adorno, puestos del lado del «hombre caído», escritos por alguien que aprendió a leer y a escribir prácticamente solo.

Rafael Chirbes, el retiro extremeño de un cronista de la corrupción

El valenciano Rafael Chirbes se instaló en 1988 en Valverde de Burguillos (Badajoz), un retiro voluntario que él mismo entendió como una forma de resistir y escribir lejos del ruido literario de Madrid. De ese periodo extremeño nace La larga marcha (1996), novela coral que recorre la posguerra española y la resistencia antifranquista de los años sesenta a través de seis personajes y sus familias, y que le valió el prestigioso SWR-Bestenliste alemán.

El vínculo con la provincia no terminó ahí: ya de vuelta, Chirbes ganó el Premio Dulce Chacón de Zafra con Crematorio (2007), su retrato feroz de la especulación inmobiliaria española a través de Rubén Bertomeu, constructor hecho a sí mismo, y del entramado de corrupción y blanqueo que lo rodea. La novela sumó el Premio de la Crítica, el de la Crítica Valenciana y el Premio Cálamo, y tuvo una exitosa adaptación como serie de televisión.

Isaac Rosa, formado en las aulas de Periodismo de Badajoz

Isaac Rosa nació en Sevilla en 1974, pero comenzó sus estudios de Periodismo en Badajoz y pasó buena parte de su formación en Extremadura antes de instalarse en Madrid. Es autor de El vano ayer (2004) —metanovela sobre la represión franquista que le valió el Premio Ojo Crítico, el Rómulo Gallegos y el Andalucía de la Crítica, y que Andrés Linares llevó al cine como La vida en rojo— y de El país del miedo (2009), Premio Fundación José Manuel Lara. Ha vuelto a Badajoz en varias ocasiones para presentar su obra en la Feria del Libro.

Luis Landero, el hijo de Alburquerque que llegó tarde y llegó fuerte

Nacido en Alburquerque (Badajoz) en 1948, Luis Landero es, de todos los nombres de esta lista, el que tiene un vínculo más directo e indiscutible con la provincia: no escribió sobre Badajoz, nació en Badajoz. Premio Nacional de las Letras Españolas 2022, debutó tarde en la novela —a los 41 años— con Juegos de la edad tardía (1989), Premio Prix Méditerranée, y desde entonces ha construido una de las obras más sólidas de la narrativa española reciente, con títulos como Absolución, elegida mejor novela del año por El País en 2012.

Su libro más personal, El balcón en invierno (2014), es el que mejor conecta con esta lista: no es una autobiografía convencional, sino una selección de recuerdos de su infancia y adolescencia en el Alburquerque rural, de la memoria familiar extremeña y de su desembarco como trabajador en el Madrid de los años sesenta, antes de convertirse en lector, estudiante y escritor. Es el libro en el que Badajoz deja de ser escenario para convertirse en origen.

Lorenzo Silva y la Badajoz del verano del 36

Lorenzo Silva, madrileño conocido sobre todo por su serie policíaca protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, sitúa buena parte de Carta blanca (2004) —con la que ganó el VIII Premio Primavera de Novela— en Badajoz, en agosto de 1936. La novela sigue al atormentado Juan Faura, alistado en la Legión durante la Guerra del Rif de 1921, y salta después a los días de la matanza que siguió a la toma de la ciudad por las tropas franquistas, uno de los episodios más oscuros de la historia reciente pacense.

César Pérez Gellida y el thriller rural de la Extremadura de 1917

El vallisoletano César Pérez Gellida, una de las grandes referencias actuales de la novela negra en español, ganó el Premio Nadal 2024 con Bajo tierra seca, thriller ambientado en varios pueblos de la provincia de Badajoz en 1917. La trama arranca con la detención de Jacinto Padilla, capataz de la finca Monterroso, acusado del incendio de la hacienda y de la desaparición de su dueña. Tiene mucho de western ibérico —tierra sin ley, hombres de gatillo fácil, un representante de la justicia enfrentado a todos— y la crítica lo ha descrito como un retrato certero de la «España hostil» de principios del siglo XX.

El cine también pasó por Badajoz: «La guerra empieza en Cuba»

La provincia no solo ha inspirado novelas: en 1957 se rodó en Badajoz La guerra empieza en Cuba, comedia de enredo dirigida por Manuel Mur Oti y protagonizada por Emma Penella, Gustavo Rojo y Laura Valenzuela, basada en una obra de teatro de Víctor Ruiz Iriarte. La trama —una cupletista que, al estallar la guerra de Cuba, regresa a España a casa de su hermana gemela, casada con el gobernador de Badajoz— usa la ciudad como escenario de un registro muy distinto al dramatismo de Cela o Chirbes: el de la comedia ligera de la época.

Un patrimonio que la propia ciudad apenas reivindica

Puestos en fila, estos nombres —un Nobel, dos Premios Nadal-Primavera, un Premio Nacional de las Letras, un poeta autodidacta formado en el hospicio— dibujan un mapa literario que muy pocas ciudades del tamaño de Badajoz pueden exhibir. Y sin embargo, ese patrimonio rara vez se convierte en relato propio: no hay una ruta literaria consolidada, ni una señalización que lleve al visitante de la cárcel de Pascual Duarte al Alburquerque de Landero, ni una campaña que aproveche que un Premio Nadal reciente elige la Extremadura rural como escenario. Badajoz ha sido, durante ochenta años, terreno fértil para que otros —y para que los suyos— cuenten historias. Que la ciudad tarde en contarse a sí misma esa historia es, a estas alturas, la única parte de este relato que sigue sin escribirse.

Redacción. A 15 de septiembre de 2026.

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