El Ayuntamiento de Badajoz —y no la Diputación, conviene aclararlo desde el principio, porque el servicio se ha vendido con cierta ambigüedad sobre quién responde de él— es el responsable directo de Biba Turismo, la flota de 80 bicicletas eléctricas repartidas en siete estaciones alrededor de la muralla abaluartada. El proyecto, financiado con 2,4 millones de fondos europeos y operado por la empresa Servicios Integrales Extremeños 2000 (Siex 2000, con un contrato de mantenimiento de 510.000 euros para dos años) a través de la aplicación Weeli, acumula cerca de 520 alquileres desde su puesta en marcha a finales de enero hasta el 31 de agosto. Poco más de dos usos diarios de media para un carril bici de cuatro kilómetros que ha costado varios millones de euros públicos.
El precio del servicio es de 2 euros al día, con un tope de dos horas por trayecto y un horario que se cierra a las 22:30. Fuentes municipales han señalado que «la evolución de los datos es positiva» y que confían en que el número de usuarios «siga aumentando» a medida que el servicio se consolide. Se ha trascendido también que el sistema no siempre reconoce el DNI al registrar al usuario, obligando a un trámite adicional por correo electrónico, y que una de las siete estaciones, la del foso de la calle Stadium, ha sido objeto de un ataque vandálico con daños importantes.
Conviene poner esa cifra —2 euros al día— junto a la que paga cualquier pacense por la bicicleta pública convencional de toda la vida, la BiBa de pedales que gestiona la propia empresa municipal de transporte: 1 euro al mes, 12 euros al año, uso prácticamente ilimitado. Es decir, un vecino que decidiera usar la bicicleta eléctrica municipal solo diez días al mes pagaría, en un único mes, casi el doble de lo que cuesta todo un año de bicicleta convencional.
Y conviene ponerla también junto a lo que cuesta lo mismo en las dos ciudades españolas con los sistemas de bicicleta eléctrica compartida más consolidados. En Madrid, BiciMAD ofrece una tarifa plana de 10 euros al mes con viajes ilimitados y gratuitos de hasta media hora; sin ningún abono, cada trayecto de 30 minutos cuesta 0,50 euros. En Barcelona, el Bicing eléctrico tiene un abono anual de 50 euros con el primer tramo de media hora a 0,40 euros; con el abono más económico, ese primer tramo sube a 0,63 euros. Ni Madrid ni Barcelona cobran «por día»: las dos ofrecen bonos mensuales o anuales que convierten el uso habitual en una fracción de céntimos por trayecto. Badajoz, con una flota que es una fracción mínima de la de esas ciudades, no ofrece ningún bono equivalente. Solo la tarifa diaria.
| Servicio | Ciudad | Precio por uso puntual | Bono mensual / anual |
|---|---|---|---|
| Biba Turismo (eléctrica) | Badajoz | 2 € / día (tope 2 h) | No existe |
| BiBa (pedales) | Badajoz | Uso ilimitado incluido | 12 € / año (1 €/mes) |
| BiciMAD (eléctrica) | Madrid | 0,50 € / 30 min sin abono | 10 € / mes (viajes <30 min gratis) |
| Bicing (eléctrica) | Barcelona | 0,40-0,63 € / 30 min con abono | 50 € / año (tarifa plana) |
La comparación no es enteramente simétrica —BiciMAD y Bicing están pensados como transporte cotidiano de estación a estación, mientras que Biba Turismo se plantea, según el propio Ayuntamiento, como recurso para que el visitante «alquile un día para visitar la ciudad»— pero el argumento se sostiene igual, y quizá con más fuerza: si el servicio pacense reconoce desde su diseño que apenas atrae a los vecinos y que su público objetivo es el turista de paso, cobrarle a ese turista cuatro veces más por un paseo de dos horas que lo que paga un madrileño por un mes entero de trayectos no es un desliz de tarifas, es una decisión.
DEL DERROCHE DE FONDOS EUROPEOS A LA TARIFA DE PARKING DE AEROPUERTO hay, en Badajoz, un solo paso, y lo ha dado el mismo gobierno municipal que se felicita de que «la evolución de los datos es positiva». Se entiende que 2,4 millones de fondos europeos y un contrato de mantenimiento de 510.000 euros a dos años no salen gratis, y que alguien tiene que pagarlos; lo que no se entiende tan fácilmente es por qué ese alguien tiene que ser precisamente el usuario ocasional, al que se le cobra como si alquilara un coche en el aeropuerto y no una bicicleta en una ciudad de 150.000 habitantes. Los números hablan solos: doce euros al año por pedalear todo lo que uno quiera con la bicicleta de siempre, dos euros por dos horas con la eléctrica de nueva generación. Cuando el propio consistorio admite que la flota «aún no son muy populares entre los vecinos», convendría preguntarse si no será, sencillamente, porque ha puesto el precio pensando en el turista incauto y no en el ciudadano que paga sus impuestos para financiar el carril y la flota. La bicicleta eléctrica municipal, tal y como está tarificada, no compite con Madrid ni con Barcelona: compite con el taxi. Y pierde.
Redacción. A 9 de septiembre de 2026.