Álvaro Sánchez Cotrina ha escrito un artículo titulado Elegir Extremadura. El título resulta particularmente oportuno en una comunidad que acaba de conocer una sentencia judicial explicando cómo determinadas administraciones consiguieron llevar el concepto de “elegir” bastante más lejos: según la Audiencia Provincial de Badajoz, la plaza obtenida por David Sánchez había sido confeccionada “a medida” y ni siquiera era necesaria o urgente. Igualdad de oportunidades, sí; pero algunas, según el tribunal, extraordinariamente personalizadas. La sentencia, conviene recordarlo, todavía no es firme.
Cotrina abre su canto al futuro con una fotografía de cuando era niño junto a Rodríguez Ibarra. Es difícil encontrar una imagen mejor de renovación: el nuevo PSOE extremeño empieza enseñándonos una foto del PSOE extremeño de hace cuarenta años. Más adelante escribe solemnemente que gobernar no consiste en “congelar la foto”. Después de haber utilizado precisamente una fotografía con Ibarra como punto de partida de su legitimidad política, la metáfora adquiere una precisión casi cómica.
Cuenta también que su generación creció con “el mandato silencioso de tener que marcharte para poder ser”. Aquí el adversario desaparece misteriosamente de la narración. Porque durante la inmensa mayoría de esos años Extremadura estuvo gobernada precisamente por el partido al que pertenece el autor. Ibarra gobernó desde 1983 hasta 2007; Vara, de 2007 a 2011 y de 2015 a 2023. Es decir: Cotrina denuncia con bastante eficacia las consecuencias de una época política sin detenerse demasiado en quién administró esa época.
Luego llega la “igualdad de oportunidades”, repetida como columna vertebral de la nueva Extremadura. Podría haberse elegido cualquier concepto. Se eligió precisamente ese, pocas semanas después de que el anterior líder del PSOE extremeño, Miguel Ángel Gallardo, fuera condenado a 18 años de inhabilitación por dos delitos de prevaricación en el caso de la contratación del hermano de Pedro Sánchez. David Sánchez recibió nueve años y otros nueve acusados otras tantas penas de nueve años. Para reivindicar la igualdad de oportunidades probablemente existían momentos históricos mejores.
El resto es un desfile de jóvenes talentosos, empresarios esforzados, personas que regresan a casa, raíces, sueños, energía verde e innovación. Todo muy fotogénico. Lo que falta es la incómoda parte administrativa: cuánto empleo, qué salarios, qué inversión, qué industrias, qué infraestructura, en qué plazo y con qué dinero.
Y entonces aparece la frase definitiva: “No en los grandes anuncios de corta y pega”. Después de varias columnas de “transformación industrial vanguardista”, “energía limpia”, “transición verde”, “Extremadura conectada e innovadora” y “raíces y sueños”, cabe reconocerle al artículo una virtud: también contiene su propia crítica literaria.
La tesis de fondo —que Extremadura debe conseguir que quedarse o regresar resulte atractivo— es perfectamente defendible. Lo devastador políticamente es otra cosa: cuando el dirigente del partido que ha gobernado la región durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas presenta eso como la gran tarea pendiente, transforma una promesa de futuro en una pregunta sobre su propio balance histórico.
Y ahí sí que el título puede leerse de otra manera: después de cuarenta años, Extremadura sigue esperando poder elegir quedarse.